Hay días que nos levantamos de la cama sin ganas de nada, sin ilusiones y sin pensar que la vida nos sorprenderá. Uno de esos días fue el que te conocí.
Era un día gris. El aburrimiento hizo que cogiera el móvil y descargara una aplicación de citas. Empecé a hablar con varías personas, muy diferentes entre ellas. Algunos más agradables que otras. Yo no tenía ninguna intención de conocer a nadie, sino que era mero entretenimiento.
De repente, apareciste tú, escribiéndome en gallego, lengua a que amo pero me cuesta hablar, mientras hablábamos en la página no paraba de escribirte en el mismo idioma. Fuiste muy agradable. Cada vez quería hablar más y más contigo.
No me acuerdo si fuiste tú, o si fui yo, pero en algún momento intercambiamos los teléfonos y empezamos a conocernos. Al principio, tenía miedo, no quería que me volvieran a romper el corazón. Al mismo tiempo, te has abierto de una forma en que nadie nunca lo hizo antes, me has hecho sentir como si te conociera de años. Algo me hizo sentir curiosidad y pensar en conocernos más a fondo.
Todo parecía ir bien, hablábamos mucho, empezamos a quedar, conocernos en persona, compartir momentos y gustos. Fuiste uno de los mejores besos en mi vida, por un instante mi caricia favorita. De la misma forma que llegaste a mi vida te fuiste de una manera fugaz.
No me has dado ni tiempo de despedirme. Ni tampoco tiempo para agradecerte. Sí, quería darte las gracias por demostrarme que podría volver a ilusionarme, que me podría volver a enganchar a otros labios y a otra compañía. Que los sueños pueden volver de un momento a otro, que cualquiera puede endulzar el día con palabras bonitas.
Gracias por hacerme ver lo especial que soy, por ayudarme a recuperar mi luz, no sabías lo rota que estaba, pero me ayudaste a coser las trizas de mi corazón. Con cada palabra bonita que me decías volviste a encender la llama del amor propio que otras personas apagaron.
Gracias por enseñarme a reconstruir-me. Después de todo, lo nuestro sólo fueron unos días, un momento de sueño, que tuvo su punto y final.
Gracias por todo, también por ahorrarnos las despedidas y por no darme ninguna explicación. Gracias. Gracias sobre todo por despertarme y porque gracias a eso volví a ser yo.